Hay noches que se quedan para siempre en la memoria de una afición. La de México frente a Ecuador fue una de ellas. No solo por el marcador, sino por todo lo que representó. Después de cuatro décadas de esperar una victoria en una ronda de eliminación directa de La Fiesta del Futbol, el Tri volvió a sonreír y le regaló a su gente un resultado que alimenta la ilusión de seguir haciendo historia.
El Estadio Azteca fue el escenario perfecto para una cita que cargaba con el peso del pasado. Más de 80 mil aficionados pintaron las tribunas de verde y acompañaron a una selección que entendió desde el primer minuto que el margen de error ya no existía. El ambiente fue de esos que erizan la piel antes incluso de que rodara el balón.
Con un Estadio Azteca convertido en una auténtica fiesta, la Selección Mexicana derrotó 2-0 a Ecuador y consiguió su primer triunfo en una fase de eliminación directa del torneo desde 1986.
México respondió con personalidad. El equipo dirigido por Javier Aguirre tomó la iniciativa y encontró la recompensa al minuto 22, cuando Julián Quiñones aprovechó una asistencia de Roberto Alvarado para sacar un potente disparo que venció al arquero ecuatoriano y desató la euforia en el Azteca.

El golpe anímico fue inmediato. Apenas unos minutos después apareció Raúl Jiménez para ampliar la ventaja con el que significó su gol número 47 con la Selección Mexicana. La combinación entre experiencia y contundencia permitió que el Tri se marchara al descanso con un marcador que reflejaba su dominio sobre el terreno de juego.

Ecuador intentó reaccionar en la segunda mitad. Adelantó líneas y tuvo mayor posesión del balón, pero se encontró con una defensa mexicana ordenada y con un inspirado Raúl Rangel, quien respondió en los momentos clave para mantener el arco en cero. Mientras tanto, México siguió generando peligro a balón parado y administró la ventaja con inteligencia.
México convirtió la presión en motivación y firmó una de sus victorias más importantes de los últimos años.
Uno de los nombres que también dejó buenas sensaciones fue el de Gilberto Mora. El joven mediocampista volvió a demostrar personalidad en un escenario de máxima presión y se ganó el reconocimiento del público antes de abandonar el campo entre aplausos, confirmando que representa una de las grandes apuestas del futbol mexicano para el futuro.

La frustración terminó por apoderarse de Ecuador en la recta final del encuentro. El defensor Piero Hincapié fue expulsado en los últimos minutos, poniendo punto final a una noche complicada para la selección sudamericana.
Más allá del resultado, la victoria representa un golpe de confianza para un equipo que durante años cargó con la etiqueta de no poder superar las rondas de eliminación directa. Ahora, México volverá a jugar en el Estadio Azteca para enfrentar a Inglaterra en los octavos de final, con la ilusión renovada y el respaldo de una afición que volvió a creer que los sueños también pueden jugarse en casa.







