En la historia de la Copa Mundial de la FIFA existen goles memorables, pero pocos tan insólitos como el que se registró en 1938.
Durante una semifinal entre Selección de Italia y Selección de Brasil, los italianos ganaban 1-0 cuando el histórico Giuseppe Meazza tomó el balón para ejecutar un penal.
Justo antes del disparo ocurrió una escena inesperada: mientras corría hacia el balón, sus pantalones cortos se deslizaron hasta los tobillos. Pese al momento incómodo, Meazza mantuvo la calma, se acomodó y logró marcar el gol.
La anécdota cuenta que el arquero brasileño apenas podía contener la risa ante la escena. Finalmente, Italia ganó el encuentro 2-1 y más tarde conquistó el campeonato mundial.
Aquel penal quedó inmortalizado como uno de los momentos más extraños y surrealistas en la historia de los Mundiales.








